LOS EMBALSES, Y O, LOS PECES

Cuando nos enfrentamos, con la cruda realidad de nuestra existencia en la tierra, inevitablemente, surge la necesidad de entrar de lleno en la escala de valores que rodea nuestro entorno; el cual debería ser analizado minuciosamente, e individualmente por la subconsciente propiedad de todo ser humano por el hecho y derecho de haber nacido.

Las leyes, confeccionadas a medida de unos pocos, nos aconsejan, dirigen o imponen ideas u obligaciones que distan en gran medida de las leyes naturales, a las que el hombre tiene derecho. Los acontecimientos acaecidos en los últimos años en nuestra querida Galicia, nos insta a hacer estas manifestaciones, debido ello a la pérdida de nuestra riqueza natural. Cuando decimos los embalses o los peces, ponemos en valor éstos dos parámetros, conscientes de que el progreso se mide en varias dimensiones, pues de lo contrario seria desequilibrio o desorden, que redundaría en beneficio de unos y en prejuicio de la mayoría. El siglo XX, dejó en esta tierra señales evidentes del poder caciquil, que en años pasados asoló nuestra comunidad, esquilmando y monopolizando los recursos autóctonos y naturales que posee esta abandonada y vilipendiada región.

Una de las pruebas más evidentes es la construcción de los embalses por empresas, productoras de energía eléctrica privadas y foráneas, que hoy día negocian con las aguas de nuestros ríos, sin dejar en Galicia ni más ni menos que una limosna, robando la riqueza piscícola que albergaban nuestras aguas continentales; colgándonos eso sí, a las espaldas un escandaloso recibo energético, con la bonanza al parecer, de un canon que no sabemos exactamente a donde va a parar y que no repercute directamente en el bolsillo del consumidor, llevando implícito la de la no-lectura  de los contadores, según vaticinios de los ciudadanos. Sumado a éste maremagnun  de desórdenes, llegan ahora las restricciones  para los ciudadanos de a pie  que siempre pagan y a veces asumen las culpas de todo. Se nos aconseja y obliga a los pescadores a practicar este noble deporte, valorado también como un recurso más. Sin muerte en muchos tramos, lo que nosotros como buenos deportistas consideramos necesario en época de escasez: apoyada ésta opción por un número importante de pescadores y asociaciones de todo tipo; ( RIOS VIVOS, ADEGA) y un largo etc. Puesto todo en la balanza, es obligado por nuestra parte, pues el derecho nos asiste: poner en claro, que la pesca con muerte, según las leyes naturales es un derecho del hombre reglamentada, coherentemente por los gestores de estos recursos. Número de capturas, medida y guía de las piezas como en el salmón, debe ser puestas en vigor.

Conservar, restaurar y proteger los ríos, es labor de todos; pero por lo visto, nadie quiere responsabilizase de ello. Nuestros políticos, nuestra comunidad científica, en connivencia con las empresas de la energía eléctrica, causantes en mayor medida de este holocausto, miran para otro lado.

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